El Nuevo Testamento pretende, primeramente, transmitir el testimonio de la fe eclesial sobre Jesús y presentarlo en su plena significación como «Cristo» y «Señor». Este testimonio es expresión de la fe y busca, a la vez, suscitar la fe.
Un paso previo es superar la falsa dicotomía creada entre el Jesús de Nazaret y el Cristo de la fe, y probar su continuidad histórico y teológica.
En el apunte se presenta un itinerario para llegar a Jesús a través de los evangelios y algunos textos paulinos, analizando los aportes y deficiencias de diferentes escuelas, y la valoración del Magisterio.

Tanto la redacción de los evangelistas como la proclamación que se hace de esos títulos encierran ya en sí una visión de fe en Jesús y una adhesión a Cristo a quien proclaman como Mesías, Hijo de Dios. A continuación se presenta la estructuración teológica-literaria y las respectivas finalidades teológicas de los Sinópticos y el Evangelio de Juan.

Los elementos y la estructura formal de la teología paulina proceden en gran parte de la tradición veterotestamentaria y rabínica y, en parte mucho menor, del mundo helenístico. Su teología tiene como centro y fundamento una cristología concentrada sobre todo en el anuncio de Jesucristo como "Señor (1 Cor 2, 2). Desarrolla las profundidades del misterio con la preocupación de anunciar al Jesús vivo y su enseñanza, y la realidad central de su muerte y resurrección, como culmen de su existencia terrena y raíz del desarrollo sucesivo de la la fe cristiana. Se analizarán especialmente tres textos paulinos.